sábado, 8 de junio de 2024

Pedrito de la Hoz, en la memoria
















En 1980 recibí un encargo que no esperaba.  Después de haber pasado casi once años trabajando en una revista mensual, debía regresar al diarismo, que había conocido intensamente a mediados de los años 60 en Granma y El Mundo.

Lo novedoso del nuevo encargo era que debíamos fundar un periódico diario, con un pequeño grupo de periodistas y trabajadores de la imprenta, que entonces eran un único colectivo.  Pero lo más inesperado era el lugar:  Cienfuegos, para mí terra ignota. 

El cuento es largo.  La mala noticia del fallecimiento de mi viejo amigo Pedro de la Hoz, me hace centrarme en su recuerdo.  Porque la única persona a la que conocía en aquel grupo que me acompañaría en la aventura, era Pedrito.

Nos conocimos a mediados de los 70, cuando asistí a algunas clases de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana. Allí me encontré al joven Pedro de la Hoz. Para mi sorpresa, me reconoció y me ofreció toda su amistad.  Dije me reconoció, aunque nunca en nuestras vidas nos habíamos encontrado.

Es que Pedrito, ya desde entonces, conocía a todos y de todo. Risueño e intranquilo, con un andar a pasitos rápidos que se fueron haciendo más lentos solo cuando los años le fueron restando, y con un balanceo peculiar. Pedro fue desde entonces uno de esos amigos a los que nada se le oculta porque de todos modos son capaces de averiguarlo todo.

A un horizonte de intereses muy amplio, característico de los buenos periodistas, Pedro unía su creciente cultura y una virtud difícil:  escribía bien desde el primer original. Era un mecanógrafo de dos dedos que aporreaba la máquina con tanta dureza, que las letras perforaban el papel gaceta sobre el que escribía.

Tengo la imagen clara en la mente.  Pedrito encorvado sobre la máquina Óptima, tecleando con tanta fuerza que los otros redactores se viraban solo para verlo escribir.  Me contaban que era herencia de su tío, el mítico Roberto González, periodista del diario Vanguardia, en Santa Clara, que escribía machacando la máquina mientras masticaba y tragaba pedazos de cuartillas de desecho.

A pesar de mi preciosismo, nunca pude retocar su redacción original.  Pedrito, como resultado de su cultura, de sus lecturas y, como todos sabemos, de un don innato, escribía muy bien.

Le encargué que hiciera media página diaria de temas culturales.  Hay que tener en cuenta que entonces los periódicos de provincia solo tenían cuatro páginas formato sábana.  Pedro cargaba con la responsabilidad de resolver, solo, la octava parte del periódico.

Pero si había otra cosa que hacer y tenía adelantada su página, era capaz de cubrir bien, muy bien, cualquier noticia de cualquier tema. Zafra, deportes, reuniones relevantes, mitos locales, personajes peculiares del folklore cienfueguero. 

O de remediar situaciones insólitas como esta:

El 5 de septiembre salió por primera vez en la fecha que se nos indicó.  El periódico, creía yo, estaba bien hecho. Tenía lo que debía tener un diario decente.  Vanguardia, que antes extendía sus ventas a Cienfuegos para resolver la carencia de un periódico local, ya no circulaba.  Y el nuestro, no se vendía. 

Nos reunimos con los voceadores, es decir, los que vendían directamente al público el periódico.  Nos dieron sugerencias formidables.  Uno de ellos nos dio un criterio inusitado:  “Es que el periódico de ustedes no tiene letras de canciones”.  Él vendía, primero Vanguardia, y ahora el nuestro, frente al preuniversitario más grande de la ciudad.

Al día siguiente, Pedrito estaba en la emisora de radio copiando las letras de las canciones más populares que, por supuesto, él sabía perfectamente cuáles eran.

O cuando incorporamos a los extraordinarios decimistas cienfuegueros a su media página, solicitándoles que improvisaran sobre tal o cual tema de actualidad. 

O aprovechando la visita de cualquier figura de la cultura nacional a la provincia.  Pedro sabía qué y a quién preguntar.

Marta Rojas y yo conspiramos para traerlo para La Habana, ya a fines de los 80.  Fuimos a ver a Jorge Enrique Mendoza, director de Granma.  No habían pasado unos meses, y me tocó relevar a Mendoza, quien había dirigido el periódico del Partido durante veinte años.  Un tiempo después, Pedro se incorporó finalmente al periódico.  Allí lo dejé, al salir yo, donde fue el buen periodista que esperábamos y, por muchos años, el jefe de su redacción cultural.

Solo quiero destacar algo que parece contradecir el recuerdo de su sonrisa casi permanente.  Pedrito era un periodista temido.  El filo crítico e inteligente lo acompañó siempre.  De manera tal que tuve que sacarle las castañas del fuego más de una vez, desde sus conflictos con el Poder Popular cienfueguero, hasta muchos años después con un destacado trompetista, furioso porque Pedro –creo que no hablé de su formación musical-- le había apuntado una desafinación en una nota en su última actuación. 

Por cierto, al inicio le encargué que se ocupara de la radio y la televisión.  Sabía por experiencia propia que era una de las asignaciones más exigentes de la redacción cultural.  Poco más de un año después enfrenté las consecuencias cuando de Granma pasé a la radio y la televisión. Allí comprendí que había comprado soga para mi propio pescuezo. Fue un crítico serio, constante y atinado.

El año pasado me explicó la envergadura de su enfermedad.  Le escribí varias veces sobre otros temas, pero ya al final no me contestaba, y yo no tuve fuerzas para preguntarle sobre el difícil trance terminal al que estaba abocado.

Mejor lo recuerdo, riendo, caminando a pasos rápidos y cortos, bajando la voz para darme el último detalle desconocido de cualquier tema, y regresando a darle su merecido a mamporrazos a la vieja máquina de escribir alemana en la redacción del 5 de septiembre.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Con la Eñe de Retamar

 

Publicado también en Cubarte. Le envié el original, a sabiendas de que no era gran cosa, pero sí fue mi intento por reproducir mis mejores recuerdos del poeta y profesor, que fue, al menos para mí, el que más influyó en quienes acudimos con entusiasmo a cada una de sus clases. Lo leyó y solo puso en un correo: Memorioso Enrique.

Para muchos jóvenes, yo diría que para la mayoría, Roberto Fernández Retamar es el Presidente de la Casa de las Américas, el miembro del Consejo de Estado, el agudo pensador que habla con lucidez y opinión propia sobre problemas que nos resultan más que cercanos.  Saben que es además un poeta indispensable, aunque muchos no lo hayan leído  pues, hasta donde sé, su poesía vive un ya prolongado vacío editorial.

La presentación ahora por la Editorial Letras Cubanas en la pasada Feria del Libro, de su Idea de la estilística, que acompaña en librerías a una recopilación anterior de ensayos, conferencias y presentaciones recogidas bajo el título –retamariano--En la España de la Eñe,publicada por la Editorial Oriente, y a La poesía contemporánea en Cuba (1927-1953) (también editada por la Editorial Letras Cubanas)[i], nos presenta otro rostro, que no puedo llamar desconocido, pero que para muchos  --y sigo pensando en los jóvenes--  propone otro acercamiento, apasionante, a  su obra y a su antigua y no abandonada vocación de estudioso de la lengua y la literatura.

Memoria del doctor Pi

 

Se publicó también años atrás, en Granma y en Cubadebate.  Intenté escribirlo en el momento de su fallecimiento y solo envié lo escrito a sus familiares.  Después redacté esta memoria. En Granma fue un hombre muy respetado y sin duda uno de mis mejores amigos.

Su nombre y sus apellidos presagiaban su porte y hasta su personalidad.  Agustín Pi Román, el doctor Pi para los trabajadores de Granma,  impresionaba por su  sobria dignidad y por el noble talante que uno supone en el típico camagüeyano (lo era por formación: había nacido en Cienfuegos, el primero de noviembre de 1919, pero  al año de nacer fue a residir  a la antigua y extensa provincia de Camagüey).

Mi nueva televisión en colores

 

Ya es sabido que la televisión se vio en colores en La Habana a partir del año 1958, en una aventura que llevaba el sello característico de Gaspar Pumarejo.  Fue una verdadera osadía, valiéndose de un telecine para transmitir los noticieros previamente filmados en 16 mm y revelados en el día fuera de Cuba.  No era un proyecto que se pudiera mantener mucho tiempo en tales condiciones, con un único estudio más o menos sencillo, en la planta baja del Hotel Habana Libre.

Solo Estados Unidos transmitía entonces en colores.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Mi amigo Samuel

 Este texto también tiene ya varios años de publicado.  Varios amigos míos y de Samuel lo han reproducido.  Forma parte de mis más recordadas memorias. 

Enrique Román

Fue el único surrealista orgánico, real, que he conocido en mi vida.  Era 1980 y yo había ido a Cienfuegos para encabezar un pequeño grupo de jóvenes universitarios recién egresados y de veteranos periodistas, tipógrafos y operadores de máquinas de impresión, con quienes reiniciaríamos la antigua tradición periodística de la ciudad.  Fundábamos el diario 5 de septiembre.

Mi conocimiento de Cienfuegos era escaso.  Había visitado pocas veces la ciudad y no conocía el resto de la provincia.  Fui armado de mensajes y recomendaciones que me facilitaran entrar en contacto con amigos de mis amigos, para que me ayudaran en mi nuevo empeño.  Así, el inolvidable Agustín Pi me encargó que viera de su parte a su amigo Samuel Feijóo.

martes, 30 de marzo de 2021

La luz de la verdad

 

Era el 5 de mayo de 1961.  Las clases se habían terminado, más o menos abruptamente, a fines de abril.  Habían sido inestables por muchas razones. Girón, bandidos en el Escambray, bombas en una escuela.  No había clases y, como era de esperarse, me fui de La Habana para la casa de mi abuela en Pinar del Río.  Ese día hacía una de las cosas que más me gustaba, que era trabajar en el garaje de mi tío Pancho. Pero ese es otro cuento.

En eso estaba cuando por la radio escuché la convocatoria para quienes se habían inscrito como alfabetizadores de la Conrado Benítez en una fecha reciente.  Que se debían presentar en la Terminal de Ferrocarriles de La Habana ese día por la tarde. Y yo, que era uno de ellos, estaba en Pinar del Río, a 176 kilómetros de distancia.

viernes, 16 de octubre de 2020

Dos de TV

Esta nota se se debía haber publicado hace años. Me resistí a contar la anécdota, que da cuenta de mi miopía musical y mi temor a represalias, que provendrían quizás de mis familiares y hasta de una perra. Pero es casi una responsabilidad histórica narrar cómo fue aquel primer programa y cuándo fue. Es la utilidad de Dos de TV. Una utilidad solamente arqueológica.

La reproducción del original muestra, de paso, parte de lo que era la página cultural de Granma, bajo la dirección de Jaime Sarusky.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Carlos Rafael



En su oficina, con Guillermito Cabrera, entonces subdirector de Granma

La primera llamada que recibí en Granma, en mi noche de estreno como director, en 1987, fue de Carlos Rafael Rodríguez. No era común que llamara al periódico, según me dijeron, y menos en buenos términos. Sin embargo, a mí me felicitó, me dio ánimos y se puso a mi disposición. Él había sido director del periódico Hoy y sabía lo duras que podían ser las riendas del periódico del Partido.

Había más explicaciones. A los 17 años intenté ingresar en la escuela de Ciencias Políticas en la Universidad. Como mi trayectoria política era exigua, me pedían tres o cuatro avales, de los cuales solo recuerdo los de José Felipe Carneado y de Carlos Rafael, proporcionados por mi tío Joaquín Hernández Armas.

 No me dieron el ingreso.

Por una razón casi circunstancial, su intervención fue decisiva para que yo regresara, en 1984, de Cienfuegos a La Habana, de director del periódico 5 de Septiembre, a funcionario, jefe de sección y vicejefe sucesivamente, del entonces Departamento de Orientación Revolucionaria.  

martes, 15 de septiembre de 2020

Gabo y US attack on Panama

 Otra noche más en el periódico. Delante de mi, un pequeño televisor que, a través de un larguísimo cable subterráneo, me conectaba con un receptor de satélite, gracias a una indicación de Fidel. Veía CNN, atento a la evolución de Panamá. La invasión era inminente.

De repente, un cartel corta la transmisión: US attack on Panama. Llamé a Carlos Aldana, que estaba con el Comandante. la invasión acababa de comenzar.

No pasó mucho tiempo y me llamó Gabo. "Te mando algo para allá". La corrección de la fecha es mía.




Con Cortázar, en la escalera


El encuentro se produjo en los primeros peldaños de la escalera del Habana Libre. Enero de 1968 y allí se desarrollaba un concurrido encuentro internacional de intelectuales de todo el mundo para discutir, como tema central, la responsabilidad social del intelectual en aquellos momentos. Era el Congreso Cultural de La Habana (no confundir con el Congreso de Educación y Cultura, que fue nacional y posterior).

Julio Cortázar impresionaba por su estatura y por su nobleza. Mi novia de entonces, Sonia, nos presentó; yo, periodista que reportaba el evento para Granma. Ella se quejó de que a pesar de tener lo que consideraba grandes dotes para hacer literatura, no me decidía. El buen Julio me salvó de lo que ya era una cantilena: “Déjalo. El día que le corresponda escribir, ya lo hará,  y no podrá detenerse”. No recuerdo cómo siguió la conversación. Sigo esperando el día anunciado.

De entonces quedó su nota, con su dirección en París. Faltarían 15 años para que viera por primera vez la torre Eiffel. Ni recordaba ni sabía dónde estaba la nota. Apareció hace poco, entre papeles viejos.





sábado, 12 de septiembre de 2020

Granma y mi primer carné




Mi carné fue el primero que firmó Mendoza como director del periódico. Vestido con uniforme de campaña, grados de primer capitán, se sentó en un sofá solitario que había en la amplia antesala de la dirección, cruzó el pie y encima de la pierna puso el carné. 

Aunque yo llevaba en el periódico ocho meses, era ahora que necesitaba el carné para acompañar a los invitados al Salón de Mayo por todo el país. Mi primera gran cobertura.

Tengo uno más reciente, que me dió mi amigo Lázaro Barredo. Pero no es igual, y no solo por la historia. Ya lo dijo Góngora:


Aprended, Flores, en mí

lo que va de ayer a hoy,

que ayer maravilla fui,

y hoy sombra mía aun no soy.

( Lo de maravilla, por supuesto, es una de las licencias que se nos deben autorizar a quienes hemos logrado llegar a tantos años de edad)

sábado, 18 de julio de 2020

Mi recuerdo de Conrado Marrero

El estadio Latinoamericano todavía es para mí, a cada rato, el estadio del Cerro.  No puedo evitar llamarlo por su viejo nombre, y es explicable: en los borrosos recuerdos que todos tenemos de algún episodio de la primera infancia, aparece aquel recinto enorme y oscuro, conmigo sentado en una silla de “preferencia”, junto a mi padre y a mi madre.  Era parte del ritual.  Era una de las grandes opciones de entretenimiento de la época.  Al frente, el terreno y el juego, con una iluminación deslumbrante, que lo hacía parecer irreal.

Debe haber sido en 1948, a solo unos pocos años de haber sido inaugurado el estadio.  También de esa época es otro recuerdo, más completo y complejo y, con el tiempo, imborrable.

sábado, 11 de julio de 2020

La selva maya


A mediados de los años 90, se presentó para la radio y la televisión cubanas la oportunidad de ingresar en la CBU, Caribbean Broadcasting Union. Era un movimiento lógico, teniendo en cuenta las relaciones crecientes de Cuba con los estados caribeños, sobre todo los anglófonos. Poco antes la OTI, Organización de Televisión Iberoamericana – organización de dueños de televisoras privadas en su gran mayoría – nos había abierto las puertas. A instancias de Televisa, en un giro absoluto de la línea adversa de este gigante ante Cuba. Las razones son tema de otro post.

miércoles, 1 de julio de 2020

La entrevista a Wifredo Lam


Comencé a trabajar en Granma en octubre de 1966, a un año casi exacto de haberse fundado el periódico.  Ya yo era, sin haber terminado mis estudios de Letras y Artes, jefe de redacción del minúsculo grupo que dirigido por Rolando Rodríguez, tenía a su cargo la reproducción de libros de texto valiosos, a partir del concepto de que los derechos de la sabiduría eran propiedad de toda la humanidad. Era el Plan Fidel - como se le llamaba entonces a diversos proyectos atendidos por el Comandante - Edición Revolucionaria, y los libros eran esenciales para el desarrollo en veloz crecimiento de los estudios universitarios.

Dos hombres, dos imperios


Esta foto tiene una pequeña historia. Una mañana, en Beirut, el líder druso Walid Joumblatt (pero ¿cómo ha vivido usted hasta hoy sin saber quiénes son los drusos? Seriamente, infórmese) me llamó para preguntarme si había visto la foto en el periódico del día. Fidel y Giap juntos. Los dos vencedores ante dos imperios. Llamé al periódico y gentilmente me mandaron una copia digital. Imprimí dos. Una la tiene Joumblatt, de difíciles y cambiantes decisiones políticas, pero un persistente fidelista. Yo tengo la otra.

viernes, 26 de junio de 2020

Chinolope, un recuerdo

Este texto fue publicado hace cinco años en Cubarte. Como sigo apreciando al Chino, lo integro en el blog, junto con un fragmento de la foto que cito y que me obsequió, acompañado por Cortázar y por Lezama. Y con una dedicatoria que ratifica todo lo que digo a continuación.

En los 80 años de Chinolope

Enrique Román

El restaurante Miami tenía un salón central amplio y muy iluminado.  Era un buen lugar para que los estudiantes del último año de bachillerato del Instituto de La Habana cruzásemos cada noche el Parque Central y fuéramos allí, en Prado y Neptuno, para  conversar de lo que se conversaba en 1962.  De la Revolución, de los americanos, de lo difíciles que eran algunas asignaturas como por ejemplo Lógica, o de aquella compañera nuestra que era bailarina de ballet, y que siempre frustraba nuestros sueños cuando se marchaba, después de clases, con su mamá, que la iba a buscar sin falta.

martes, 23 de junio de 2020

Uruguay, 1985



Era febrero de 1985 y se me encomendó organizar un grupo de prensa que asistiría a la toma de posesión de Julio Sanguinetti como presidente de Uruguay, el primero de marzo, tras la cual la democracia habría regresado al pequeño país  luego de que, durante años, una dictadura militar, medio hermana de la argentina, secuestró y masacró.  Iba a escribir que lo hacía impunemente, pero en realidad tuvo siempre una fuerte oposición, incluso armada, cuya organización más conocida fueron los llamados Tupamaros. Al efecto, vale recordar el filme Estado de Sitio, de Costa Gavras, sobre el secuestro del asesor de torturadores, estadounidense, Dan Mitrione.

miércoles, 17 de junio de 2020

Fidel by Jesse Fernández

Jesse A. Fernández (La Habana, 7 de diciembre de 1925 - París, 13 de marzo de 1986) fue un tremendo fotógrafo, la mayor parte de cuya obra la hizo fuera de Cuba. Al triunfo de la Revolución vino a Cuba a instancias de Carlos Franqui o de Guillermo Cabrera Infante, a trabajar en el periódico Revolución.

lunes, 15 de junio de 2020

Lecturas de pandemia: una experiencia china

Manuel Castells, el conocido sociólogo catalán, es hoy uno de los grandes estudiosos de la comunicación reticular, las redes, como resultado de la irrupción de unas tecnologías que se suelen calificar de nuevas. Aunque ya llevan décadas con nosotros, lo que las hace nuevas a estas alturas es su veloz e indetenible capacidad para renovarse o para proponer nuevos instrumentos. En su voluminosa obra La era de la información: economía, sociedad y cultura, incluye esta interesante información, cuando estudia el impacto de las tecnologías en los desarrollos sociales.

 

“Así, hacia 1400, cuando el Renacimiento europeo estaba plantando las semillas intelectuales del cambio tecnológico que dominaría el mundo tres siglos después, China era la civilización tecnológica más avanzada de todas, según Mokyr. Los inventos clave se habían desarrollado siglos antes, incluso un milenio y medio antes, como es el caso de las fundiciones que permitieron forjar el hierro ya en el año 200 a.C. Además, Su Sung inventó el reloj de agua en 1086 d.C., sobrepasando la precisión de medida de los relojes mecánicos europeos de la misma fecha. El arado de hierro fue introducido en el siglo VI y adaptado al cultivo de los campos de arroz encharcados dos siglos después. En textiles, el tomo de hilar manual apareció al mismo tiempo que en Occidente, en el siglo XIII, pero avanzó mucho más de prisa en China debido a la existencia de una antigua tradición de equipos de tejer complejos: los telares de arrastre para tejer seda ya se utilizaban en tiempos de las dinastías Han. La adopción de la energía hidráulica fue paralela a la de Europa: en el siglo VIII los chinos ya utilizaban martinetes de fragua hidráulicos y en 1280 existía una amplia difusión de la rueda hidráulica vertical. El viaje oceánico fue más fácil para las embarcaciones chinas desde una fecha anterior que para las europeas: inventaron el compás en tomo a 960 d.C. y sus juncos ya eran los barcos más avanzados del mundo a finales del siglo XIV, permitiendo largos viajes marítimos. En el ámbito militar, los chinos, además de inventar la pólvora, desarrollaron una industria química capaz de proporcionar potentes explosivos, y sus ejércitos utilizaron la ballesta y la catapulta siglos antes que Europa. En medicina, técnicas como la acupuntura obtenían resultados extraordinarios que sólo recientemente han logrado un reconocimiento universal. Y, por supuesto, la primera revolución del procesamiento de la información fue china: el papel y la imprenta fueron inventos suyos. El papel se introdujo en China mil años antes que en Occidente y la imprenta es probable que comenzara a finales del siglo VII. Como Jones escribe:

“China estuvo a un ápice de la industrialización en el siglo XIV”. Que no llegase a industrializarse cambió la historia del mundo. Cuando en 1842 las guerras del opio condujeron a las imposiciones coloniales británicas, China se dio cuenta demasiado tarde de que el aislamiento no podía proteger al Imperio Medio de las consecuencias de su inferioridad tecnológica. Desde entonces tardó más de un siglo en comenzar a recuperarse de una desviación tan catastrófica en su trayectoria histórica. 



“(…) ¿Por qué un Estado que había sido el mayor ingeniero hidráulico de la historia y había establecido un sistema de extensión agrícola para mejorar la productividad desde el periodo Han, de repente se inhibió de la innovación tecnológica e incluso prohibió la exploración geográfica, abandonando la construcción de grandes barcos en 1430? La respuesta obvia es que no era el mismo Estado, no sólo debido a que se trataba de dinastías diferentes, sino porque la clase burocrática se había atrincherado en la administración tras un periodo más largo de lo habitual de dominio incontestado.”


viernes, 12 de junio de 2020

Mi tiempo medieval


La noción medieval del tiempo nos ha envuelto durante el confinamiento. Ya casi no uso el reloj.  Cuando es de día, es de día. Cuando me despierto, me desperté. Carlos Scolari, en Hipermediaciones, nos ilustra: 

“Durante la Antigüedad el tiempo estaba integrado en la naturaleza y aparecía como una parte tangible de la realidad, lejana de cualquier tipo de formulación abstracta. El tiempo, por entonces, era un fenómeno biológico vinculado al ciclo de los eventos naturales: la salida y puesta del sol, la llegada del verano, el día s corto del año, la sucesión de estaciones, el nacimiento y la muerte. Esta concepción cíclica del tiempo marcó las actividades de la humanidad durante siglos. La invención del reloj mecánico en el siglo XVII abrió las puertas de una nueva dimensión temporal: el tiempo abstracto y lineal de la Modernidad. Los sujetos dejaron de seguir el ritmo de la naturaleza o el repicar de las campanas medievales para organizar sus vidas a partir del tic tac mecánico de las máquinas.”