martes, 15 de septiembre de 2020

Con Cortázar, en la escalera


El encuentro se produjo en los primeros peldaños de la escalera del Habana Libre. Enero de 1968 y allí se desarrollaba un concurrido encuentro internacional de intelectuales de todo el mundo para discutir, como tema central, la responsabilidad social del intelectual en aquellos momentos. Era el Congreso Cultural de La Habana (no confundir con el Congreso de Educación y Cultura, que fue nacional y posterior).

Julio Cortázar impresionaba por su estatura y por su nobleza. Mi novia de entonces, Sonia, nos presentó; yo, periodista que reportaba el evento para Granma. Ella se quejó de que a pesar de tener lo que consideraba grandes dotes para hacer literatura, no me decidía. El buen Julio me salvó de lo que ya era una cantilena: “Déjalo. El día que le corresponda escribir, ya lo hará,  y no podrá detenerse”. No recuerdo cómo siguió la conversación. Sigo esperando el día anunciado.

De entonces quedó su nota, con su dirección en París. Faltarían 15 años para que viera por primera vez la torre Eiffel. Ni recordaba ni sabía dónde estaba la nota. Apareció hace poco, entre papeles viejos.





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