viernes, 12 de junio de 2020

Tarkovski y Solaris, más allá del cosmos

"Se trata de algo más importante que la solarística. Los límites del conocimiento humano. Al establecer esos límites de manera artificial, asestamos un duro golpe a la idea del pensamiento ilimitado. Y, al obstaculizar el avance, facilitamos el retroceso."
Profesor Messenger, en Solaris, película de Andrei Tarkovski, de 1972.



Dice la crítica, aceptando que es una película "mítica": "Kris Kelvin (el personaje principal) es un hombre perdido, sin rumbo, desde la muerte de su mujer, diez años atrás. Pero es enviado a una estación espacial en la órbita del misterioso planeta Solaris, formado sólo por agua, ya que los pilotos y científicos que allí viajan parecen entrar en profundas crisis emocionales y mentales.
 Cuando llegue allí descubrirá que el océano inmenso que es Solaris indaga en las mentes de los seres vivos cercanos para crear, a base de neutrinos, seres que no deberían existir o que ya han muerto. Así, no pasará mucho tiempo hasta que aparezca Hari, su mujer muerta hace tantos años. Poco a poco, Kelvin irá enloqueciendo, mientras intenta escapar de una pesadilla interminable. 
Este es el punto de partida para que Tarkovski hable con singular lucidez acerca de los recuerdos, de las imágenes veneradas del pasado, o de la relatividad de los propios sentimientos, entre otros temas. 


Desgraciadamente se trata de su película más envarada, y se nota que Tarkovski no se siente del todo cómodo, pues se tarda mucho en llegar a algo. Eso sí: cuando por fin se llega, el filme se convierte en una experiencia verdaderamente hipnótica."
Tarkovski, uno de los grandes directores de los 70, se sorprendería de las resemantizaciones de su película. De todos modos, si el mundo de las investigaciones espaciales es su entorno,
la película es más sobre la moral y la comunicación terrenales, con las posibilidades que le da ese fantasioso entorno.

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