miércoles, 10 de junio de 2020

Lo que faltaba de los Magos



DE DÓNDE VENÍAN LOS MAGOS
EVANGELIO SEGÚN MATEO 2, 1-14
Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén, preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo». Cuando lo oyó el rey Herodes se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Y convocando a todos los pontífices y escribas del pueblo, les estuvo preguntando dónde había de nacer el Cristo.
Ellos le respondieron: «En Belén de Judea; pues así está escrito por el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las ciudades de Judá; porque de ti saldrá un jefe que gobernará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos y averiguó cuidadosamente el tiempo transcurrido desde la aparición de la estrella. Y encaminándolos hacia Belén, les dijo: «Id e informaos puntualmente acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo». Después de oír al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, sintieron una inmensa alegría. Entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrados en tierra, lo adoraron; […] y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran a ver a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Después de partir ellos, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y quédate allí hasta que yo te avise. Porque Herodes se pondrá a buscar al niño para matarlo». José se levantó, y tomó consigo, de noche, al niño y a su madre, y partió para Egipto.

JUAN DE HILDESHEIM
Historia de gestis et translatione trium regum (1477)
Acerca de los reinos y de las tierras de estos tres reyes, hay que saber que son las Indias, y que todos sus territorios están constituidos, en su mayor parte, por islas, llenas de horribles ciénagas, en las que crecen cañas tan recias que con ellas construyen casas y naves. Y en estas tierras e islas crecen plantas y animales diferentes a los demás, de modo que es muy difícil y peligroso pasar de una isla a otra. […]
En la primera India está el reino de Nubia, en el que reinaba Melchor. Y poseía también la Arabia, donde se encuentran el monte Sinaí y el mar Rojo, a través del cual es fácil navegar desde Siria y Egipto hacia la India. Pero el sultán no permite que al Preste Juan, señor de las Indias, le llegue ninguna carta de los reyes cristianos, para evitar que tramen conspiraciones entre sí. Por el mismo motivo el Preste Juan controla que nadie atraviese sus territorios para llegar hasta el sultán. Y por eso, el que se dirige a la India, se ve obligado a dar un largo y complicado rodeo a través de Persia.
Quienes han atravesado el mar Rojo cuentan que rojo es el color de su fondo, de modo que el agua, en la superficie, semeja vino tinto, aunque por sí misma es del mismo color que cualquier otra agua. Es salada, y tan transparente que se ven en su fondo piedras y peces. Tiene una anchura de unas cuatro o cinco millas, es de forma triangular y refluye del Océano. Se extiende más por el lado del que partieron los hijos de Israel, cuando lo atravesaron en seco. De él deriva otro río, por el que se navega para llegar a Egipto desde la India.
Toda la tierra de Arabia es también rojiza, y las rocas, las maderas y todos los productos de la región son, por lo general, de color rojo. Hay en esa tierra excelente oro en forma de delgados filones y, además, en una montaña, hay una mina de esmeraldas que se excava con gran dificultad y artificio.
Esta tierra de Arabia pertenecía antes enteramente al Preste Juan, pero ahora está casi toda bajo el dominio del sultán. No obstante, el sultán sigue pagando por ella un tributo al Preste Juan, para que se le permita pasar pacíficamente las mercancías que proceden de la India. […]
La segunda India fue el reino de Godolia en el que reinaba Baltasar, que ofreció incienso al Señor. Le pertenecía también el reino de Saba, donde crecen en especial muchos nobles aromas y el incienso que destilan ciertos árboles a modo de goma.
La tercera India es el reino de Tharsis en el que reinaba Gaspar, que ofreció la mirra, y bajo su dominio estaba también la isla Egriseula, donde reposa el cuerpo del beato Tomás. Allí crece, más que en ninguna otra parte, la mirra en grandes cantidades, en plantas que parecen espigas tostadas.
Los tres reyes de estos tres reinos llevaron al Señor esos regalos, obtenidos de productos de sus tierras, como dice el pasaje de David: «Los monarcas de Tarsis y las islas le pagarán tributo, y los reyes de Sabá y de Seba le traerán presentes». En ese pasaje no se mencionan los nombres de los reinos más grandes, porque cada uno de los tres reyes posee dos reinos. Melchor es rey de Nubia y de los árabes, Baltasar es rey de Godolia y de Saba, Gaspar es rey de Tharsis y de la isla Egriseula.

MARCO POLO Y LA TUMBA DE LOS MAGOS
MARCO POLO
Viajes, 30-31 (1298)
En Persia se halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes Magos cuando vinieron a adorar a Jesucristo. En esta ciudad están enterrados en tres grandes y magníficos sepulcros. Los cuerpos de los reyes están intactos, con sus barbas y sus cabellos. El uno se llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor. Micer Marcos interrogó a varias personas con respecto a estos tres Reyes Magos, y nadie supo dar razón de ellos, exceptuando que eran reyes y que fueron sepultados ahí en la Antigüedad. Pero os voy a referir lo que averiguó más tarde sobre el particular.
Un poco más lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar llamado Cala Atapereistan, lo que en español significa «Castillo de los adoradores del fuego». Y esto es la verdad, pues estos hombres adoran el fuego. Os diré por qué lo adoran: Las gentes de ese castillo cuentan que en la Antigüedad tres Reyes de esta región fueron a adorar a un profeta que acababa de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la mirra, para saber si ese profeta era Dios, rey terrestre o médico, pues dijeron que si tomaba el oro, era rey terrenal; si el incienso, era un Dios; si la mirra, entonces era un médico. Cuando llegaron al sitio en donde había nacido el niño, el más joven de los Reyes se destacó de la caravana y fue solo a ver al niño y vio que era semejante a él, pues tenía su edad y estaba hecho como él, y esto lo llenó de asombro. Luego fue el segundo de los Reyes, que era de la misma edad, y contestó lo mismo. Y creció al punto su sorpresa. Por fin, fue el tercero, que era el más anciano, y le sucedió lo que a los otros dos. Y quedáronse pensativos. […] Cuando se reunieron, se contaron uno a otro lo que habían visto y se maravillaron de ello. Entonces decidieron ir los tres a un tiempo, encontrando al niño del tamaño y la edad que le correspondía (pues no tenía más que trece días). Ante él se postraron ofreciéndole oro, incienso y mirra. El niño cogió las tres cosas y, en cambio, les entregó un cofrecillo cerrado. Los Reyes Magos volvieron después de esto a sus respectivos países.
Cuando hubieron cabalgado algunas jornadas, se dijeron que querían ver lo que el niño les había dado. Abriendo el cofrecillo, se encontraron que contenía una piedra. Sorprendidos, preguntáronse qué significaría aquello, pues habiendo cogido el niño las tres ofrendas, comprendieron que el niño era Dios, Rey terrestre y Médico, y debía de tener aquello un sentido oculto y, en efecto, el niño dio a los tres reyes la piedra, significándoles que fueran firmes y constantes en su fe. Los tres Reyes tomaron la piedra y la echaron a un pozo, ignorando aún su significado, y cuando la piedra cayó al pozo, un fuego ardiente bajó del cielo y penetró en el pozo. Cuando tal vieron los Reyes, quedaron estupefactos y se arrepintieron de haber tirado la piedra, pues era un talismán. Cogieron del fuego que salía del pozo para llevarlo a sus respectivos países y ponerlo en un magnífico y rico templo. Y desde entonces está ardiendo y le adoran como si fuera un dios. Y los sacrificios y holocaustos que hacen son con ese fuego sagrado. Jamás toman de otro fuego que no sea de este maravilloso, caminando leguas y leguas para conseguirlo, cuando se les acaba, por la razón que ya os dije. Y son numerosos los que adoran el fuego en esta región. Todo esto le contaron a mi señor Marco Polo, y también que de los tres Reyes Magos, el uno era de Sava, el otro de Ava y el tercero de Cashan.

EL ROBO DE LOS MAGOS
BONVESIN DE LA RIVA (siglo XIII)
De magnalibus urbis Mediolani, VI
A ella [Milán], después que fueron destruidas sus murallas por Federico I, también como castigo a su fidelidad, a ella —¡oh vergüenza!, ¡oh dolor!— por la misma razón los enemigos de la Iglesia robaron los restos mortales de los tres Magos, que había llevado a la ciudad san Eustorgio en el año 314. Esa fue toda la recompensa a nuestros esfuerzos: por haber combatido fielmente contra los rebeldes de la Iglesia ¡sufrimos la pérdida de semejante tesoro! ¡Ay de los ciudadanos de esta tierra que, aun habiendo sido despojados de tal y tan grande tesoro, prefieren dedicarse a destruirse mutuamente, en vez de buscar el medio de poder remediar su vergüenza y recuperar con gloria la riqueza de la que han sido despojados, haciendo valer la ley canónica! Y si me fuera consentido hablar contra mis señores, los pastores de esta ciudad, diría más bien: «¡Ay de los arzobispos de esta tierra, por cuyo desinterés las reliquias no han sido recuperadas todavía haciendo valer la espada de la Iglesia, esas reliquias que fueron perdidas no por culpa de los ciudadanos, sino por la defensa de la Iglesia en virtud de una absoluta e inquebrantable fidelidad!». Desde el día en que esta ciudad fue fundada, esto es —por cuanto se lee— desde el año 504 antes del nacimiento de nuestro Salvador, doscientos años después de la fundación de Roma, de ningún honor más grande, a mi parecer, jamás fue despojada.

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