martes, 30 de marzo de 2021

La luz de la verdad

 

Era el 5 de mayo de 1961.  Las clases se habían terminado, más o menos abruptamente, a fines de abril.  Habían sido inestables por muchas razones. Girón, bandidos en el Escambray, bombas en una escuela.  No había clases y, como era de esperarse, me fui de La Habana para la casa de mi abuela en Pinar del Río.  Ese día hacía una de las cosas que más me gustaba, que era trabajar en el garaje de mi tío Pancho. Pero ese es otro cuento.

En eso estaba cuando por la radio escuché la convocatoria para quienes se habían inscrito como alfabetizadores de la Conrado Benítez en una fecha reciente.  Que se debían presentar en la Terminal de Ferrocarriles de La Habana ese día por la tarde. Y yo, que era uno de ellos, estaba en Pinar del Río, a 176 kilómetros de distancia.

viernes, 16 de octubre de 2020

Dos de TV

Esta nota se se debía haber publicado hace años. Me resistí a contar la anécdota, que da cuenta de mi miopía musical y mi temor a represalias, que provendrían quizás de mis familiares y hasta de una perra. Pero es casi una responsabilidad histórica narrar cómo fue aquel primer programa y cuándo fue. Es la utilidad de Dos de TV. Una utilidad solamente arqueológica.

La reproducción del original muestra, de paso, parte de lo que era la página cultural de Granma, bajo la dirección de Jaime Sarusky.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Carlos Rafael



En su oficina, con Guillermito Cabrera, entonces subdirector de Granma

La primera llamada que recibí en Granma, en mi noche de estreno como director, en 1987, fue de Carlos Rafael Rodríguez. No era común que llamara al periódico, según me dijeron, y menos en buenos términos. Sin embargo, a mí me felicitó, me dio ánimos y se puso a mi disposición. Él había sido director del periódico Hoy y sabía lo duras que podían ser las riendas del periódico del Partido.

Había más explicaciones. A los 17 años intenté ingresar en la escuela de Ciencias Políticas en la Universidad. Como mi trayectoria política era exigua, me pedían tres o cuatro avales, de los cuales solo recuerdo los de José Felipe Carneado y de Carlos Rafael, proporcionados por mi tío Joaquín Hernández Armas.

 No me dieron el ingreso.

Por una razón casi circunstancial, su intervención fue decisiva para que yo regresara, en 1984, de Cienfuegos a La Habana, de director del periódico 5 de Septiembre, a funcionario, jefe de sección y vicejefe sucesivamente, del entonces Departamento de Orientación Revolucionaria.  

martes, 15 de septiembre de 2020

Gabo y US attack on Panama

 Otra noche más en el periódico. Delante de mi, un pequeño televisor que, a través de un larguísimo cable subterráneo, me conectaba con un receptor de satélite, gracias a una indicación de Fidel. Veía CNN, atento a la evolución de Panamá. La invasión era inminente.

De repente, un cartel corta la transmisión: US attack on Panama. Llamé a Carlos Aldana, que estaba con el Comandante. la invasión acababa de comenzar.

No pasó mucho tiempo y me llamó Gabo. "Te mando algo para allá". La corrección de la fecha es mía.




Con Cortázar, en la escalera


El encuentro se produjo en los primeros peldaños de la escalera del Habana Libre. Enero de 1968 y allí se desarrollaba un concurrido encuentro internacional de intelectuales de todo el mundo para discutir, como tema central, la responsabilidad social del intelectual en aquellos momentos. Era el Congreso Cultural de La Habana (no confundir con el Congreso de Educación y Cultura, que fue nacional y posterior).

Julio Cortázar impresionaba por su estatura y por su nobleza. Mi novia de entonces, Sonia, nos presentó; yo, periodista que reportaba el evento para Granma. Ella se quejó de que a pesar de tener lo que consideraba grandes dotes para hacer literatura, no me decidía. El buen Julio me salvó de lo que ya era una cantilena: “Déjalo. El día que le corresponda escribir, ya lo hará,  y no podrá detenerse”. No recuerdo cómo siguió la conversación. Sigo esperando el día anunciado.

De entonces quedó su nota, con su dirección en París. Faltarían 15 años para que viera por primera vez la torre Eiffel. Ni recordaba ni sabía dónde estaba la nota. Apareció hace poco, entre papeles viejos.





sábado, 12 de septiembre de 2020

Granma y mi primer carné




Mi carné fue el primero que firmó Mendoza como director del periódico. Vestido con uniforme de campaña, grados de primer capitán, se sentó en un sofá solitario que había en la amplia antesala de la dirección, cruzó el pie y encima de la pierna puso el carné. 

Aunque yo llevaba en el periódico ocho meses, era ahora que necesitaba el carné para acompañar a los invitados al Salón de Mayo por todo el país. Mi primera gran cobertura.

Tengo uno más reciente, que me dió mi amigo Lázaro Barredo. Pero no es igual, y no solo por la historia. Ya lo dijo Góngora:


Aprended, Flores, en mí

lo que va de ayer a hoy,

que ayer maravilla fui,

y hoy sombra mía aun no soy.

( Lo de maravilla, por supuesto, es una de las licencias que se nos deben autorizar a quienes hemos logrado llegar a tantos años de edad)

sábado, 18 de julio de 2020

Mi recuerdo de Conrado Marrero

El estadio Latinoamericano todavía es para mí, a cada rato, el estadio del Cerro.  No puedo evitar llamarlo por su viejo nombre, y es explicable: en los borrosos recuerdos que todos tenemos de algún episodio de la primera infancia, aparece aquel recinto enorme y oscuro, conmigo sentado en una silla de “preferencia”, junto a mi padre y a mi madre.  Era parte del ritual.  Era una de las grandes opciones de entretenimiento de la época.  Al frente, el terreno y el juego, con una iluminación deslumbrante, que lo hacía parecer irreal.

Debe haber sido en 1948, a solo unos pocos años de haber sido inaugurado el estadio.  También de esa época es otro recuerdo, más completo y complejo y, con el tiempo, imborrable.