miércoles, 30 de septiembre de 2020

Carlos Rafael



En su oficina, con Guillermito Cabrera, entonces subdirector de Granma

La primera llamada que recibí en Granma, en mi noche de estreno como director, en 1987, fue de Carlos Rafael Rodríguez. No era común que llamara al periódico, según me dijeron, y menos en buenos términos. Sin embargo, a mí me felicitó, me dio ánimos y se puso a mi disposición. Él había sido director del periódico Hoy y sabía lo duras que podían ser las riendas del periódico del Partido.

Había más explicaciones. A los 17 años intenté ingresar en la escuela de Ciencias Políticas en la Universidad. Como mi trayectoria política era exigua, me pedían tres o cuatro avales, de los cuales solo recuerdo los de José Felipe Carneado y de Carlos Rafael, proporcionados por mi tío Joaquín Hernández Armas.

 No me dieron el ingreso.

Por una razón casi circunstancial, su intervención fue decisiva para que yo regresara, en 1984, de Cienfuegos a La Habana, de director del periódico 5 de Septiembre, a funcionario, jefe de sección y vicejefe sucesivamente, del entonces Departamento de Orientación Revolucionaria.  

martes, 15 de septiembre de 2020

Gabo y US attack on Panama

 Otra noche más en el periódico. Delante de mi, un pequeño televisor que, a través de un larguísimo cable subterráneo, me conectaba con un receptor de satélite, gracias a una indicación de Fidel. Veía CNN, atento a la evolución de Panamá. La invasión era inminente.

De repente, un cartel corta la transmisión: US attack on Panama. Llamé a Carlos Aldana, que estaba con el Comandante. la invasión acababa de comenzar.

No pasó mucho tiempo y me llamó Gabo. "Te mando algo para allá". La corrección de la fecha es mía.




Con Cortázar, en la escalera


El encuentro se produjo en los primeros peldaños de la escalera del Habana Libre. Enero de 1968 y allí se desarrollaba un concurrido encuentro internacional de intelectuales de todo el mundo para discutir, como tema central, la responsabilidad social del intelectual en aquellos momentos. Era el Congreso Cultural de La Habana (no confundir con el Congreso de Educación y Cultura, que fue nacional y posterior).

Julio Cortázar impresionaba por su estatura y por su nobleza. Mi novia de entonces, Sonia, nos presentó; yo, periodista que reportaba el evento para Granma. Ella se quejó de que a pesar de tener lo que consideraba grandes dotes para hacer literatura, no me decidía. El buen Julio me salvó de lo que ya era una cantilena: “Déjalo. El día que le corresponda escribir, ya lo hará,  y no podrá detenerse”. No recuerdo cómo siguió la conversación. Sigo esperando el día anunciado.

De entonces quedó su nota, con su dirección en París. Faltarían 15 años para que viera por primera vez la torre Eiffel. Ni recordaba ni sabía dónde estaba la nota. Apareció hace poco, entre papeles viejos.





sábado, 12 de septiembre de 2020

Granma y mi primer carné




Mi carné fue el primero que firmó Mendoza como director del periódico. Vestido con uniforme de campaña, grados de primer capitán, se sentó en un sofá solitario que había en la amplia antesala de la dirección, cruzó el pie y encima de la pierna puso el carné. 

Aunque yo llevaba en el periódico ocho meses, era ahora que necesitaba el carné para acompañar a los invitados al Salón de Mayo por todo el país. Mi primera gran cobertura.

Tengo uno más reciente, que me dió mi amigo Lázaro Barredo. Pero no es igual, y no solo por la historia. Ya lo dijo Góngora:


Aprended, Flores, en mí

lo que va de ayer a hoy,

que ayer maravilla fui,

y hoy sombra mía aun no soy.

( Lo de maravilla, por supuesto, es una de las licencias que se nos deben autorizar a quienes hemos logrado llegar a tantos años de edad)