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| En su oficina, con Guillermito Cabrera, entonces subdirector de Granma |
Había más explicaciones. A los 17 años intenté ingresar en la escuela de Ciencias Políticas en la Universidad. Como mi trayectoria política era exigua, me pedían tres o cuatro avales, de los cuales solo recuerdo los de José Felipe Carneado y de Carlos Rafael, proporcionados por mi tío Joaquín Hernández Armas.
No me dieron el ingreso.
Por una razón casi circunstancial, su intervención fue decisiva para que yo regresara, en 1984, de Cienfuegos a La Habana, de director del periódico 5 de Septiembre, a funcionario, jefe de sección y vicejefe sucesivamente, del entonces Departamento de Orientación Revolucionaria.





